El antiguo regimen francés

11 07 2008

El Antiguo Régimen fue el término que los revolucionarios franceses utilizaban para designar ofensivamente al sistema de gobierno anterior a la Revolución Francesa de 1789 (la monarquía absoluta de Luis XVI).
También puede aplicarse a los reinos de la Edad Moderna (siglo XV al XVIII), que se definieron como estado nación desde finales de la Edad Media. Uno de los principios fundamentales de la monarquía francesa era que el rey no podía actuar sin el asesoramiento de su consejo.

Los cuerpos representativos tradicionales del reino eran los Estados Generales, creados en 1302 que reunían a los tres estamentos (clero, nobleza y tercer estado) y los Estados Provinciales. Los Estados Generales, que en toda la Edad Moderna se reunían en ocasión de una crisis fiscal o se convocaban por grupos de nobles y religiosos descontentos con las facultades reales (la Liga Católica o los Hugonotes), pero no tenían un poder real, y las decisiones entre los tres estamentos los hacían débiles, soliendo disolverse antes de haber culminado con sus trabajos. Como signo de la etapa culminante del absolutismo francés, dejaron de convocarse entre 1614 y 1789. Los Estados provinciales probaron ser más eficaces, y eran convocados por el rey para el ejercicio de su política fiscal.

ADMINISTRACIÓN Y CENTRALIZACIÓN

Los cargos más importantes de la corte eran los denominados Grandes Funcionarios de la Corona de Francia, encabezados por el condestable jefe militar del reino hasta su eliminación en 1627, y también por el canciller.
Con el tiempo el aparato de toma de decisiones del Consejo del Rey se dividió en varios consejos reales. Estos subconsejos pueden agruparse generalmente como consejos gubernamentales, consejos financieros y consejos administrativos y judiciales. Estos eran sus nombres y subdivisiones en los siglos XVII y XVIII:

Consejos Gubernamentales:
• Alto Consejo, que entendía de los más importante asuntos de estado, se componía de el rey, el príncipe heredero, el canciller, el contralor general de finanzas, y el secretario de estado a cargo de los asuntos exteriores.
• Consejo de los Despachos, encargado de las noticias e informes administrativos de las provincias, compuesto por el rey, el canciller, los secretarios de estado, el contralor general de finanzas, y otros consejeros según el asunto tratado.
• Consejo de Consciencia.

Consejos Financieros:
• Consejo real de finanzas, compuesto por el rey, el jefe del consejo de finanzas (un puesto honorario), el canciller, el contralor general de finanzas y dos de sus consejeros, además de los intendentes de finanzas.
• Consejo real del comercio

Consejos Administrativos y Judiciales:
• Consejo del Estado y de Finanzas o Consejo ordinario de Finanzas, a finales del siglo XVII, sus funciones fueron absorbidas por las tres siguientes secciones.
• Consejo privados o Consejo de Estado, para el sistema judicial, instituido oficialmente en 1557, el mayor de los consejos reales, compuesto de el canciller, los duques, los ministros y secretarios de estado, el contralor general de finanzas, los treinta consejeros de estado, los ochenta maestro de las solicitudes y los intendentes de finanzas.
• Gran Dirección de Finanzas
• Pequeños Dirección de Finanzas

Además de las instituciones administrativas referidas, el rey también se rodeaba de un extenso personal de corte (familia real, guardia, cargos honoríficos), agrupados bajo el nombre de Casa Real.

Las estructuras sociales y administrativas del Antiguo Régimen en Francia fueron el resultado de siglos de construcción nacional, actos legislativos, que imponen que todas las leyes y los procedimientos judiciales sean pronunciados en lengua “francesa”, ya que los conflictos internos y guerras civiles anteriores resultaban incoherentes a su entendimiento.

La mayor parte de los reinados de Enrique IV, Luis XIII y los primeros años de Luis XIV se concentraron en la centralización administrativa. A pesar de los esfuerzos de la monarquía absoluta por crear un estado centralizado sobre las provincias, Francia permaneció durante ese periodo como un país con irregularidades judiciales, legales y  fiscales. Mientras tanto, la nobleza francesa luchaba por mantener sus propios derechos en materia de gobierno y justicia local, y exisitían  poderosos conflictos internos que protestaban contra la centralización.

La necesidad de centralización en ese periodo estaba directamente conectada a la cuestión de las finanzas reales y la capacidad de sustentar las guerras. Los conflictos internos, las crisis dinásticas de los siglos XVI y XVII (Guerras de Religión y conflicto con los Habsburgo) y la expansión territorial de Francia en el siglo XVII, demandaron enormes sumas que necesitaban ser obtenidas mediante impuestos por contribución en hombres y servicios de la nobleza.Una clave para esta centralización fue el reemplazo de los sistemas personales patrón-cliente organizados en torno al rey y a otros nobles franceses, por sistemas institucionales en torno al estado. Por ello se crearon los Intendentes – representantes del poder real en las provincias –que debilitaron gran parte del control del territorio por la nobleza regional. Lo mismo puede decirse de la confianza puesta por los tribunales reales, que cubría los cargos de jueces y consejeros reales. La creación de parlamentos regionales, que inicialmente tenía el fin de facilitar la introducción del poder real en territorios recientemente asimilados, en cambio, a medida que estos parlamentos ganaban confianza en su propio poder, comenzó a funcionar como una fuente de desunión.

El representante del rey en sus provincias y ciudades era el gobernador, siendo elegidos entre la más alta nobleza. Los gobernadores de provincias y ciudades (normalmente cargos combinados) tenían una función militar, al cargo de la defensa del lugar,  también tenían la capacidad de convocar a los parlamentos provinciales, los estados provinciales y las corporaciones municipales. El título de gobernador apareció bajo el reino de Carlos VI.
Llegado el siglo XVIII, el poder administrativo del rey estaba firmemente establecido en las provincias, a pesar de las protestas de los parlamentos locales. Además de su papel como tribunales de apelación, los parlamentos regionales habían ganado el privilegio de registrar los mandatos del rey, y presentar a este sus quejas formales ; de este modo, los parlamentos habían adquirido una cierta función de voz representativa de su región y de la propia clase de los magistrados. En caso de negativa a registrar un mandato (lo que solía ocurrir en asuntos fiscales) el rey podía imponer su registro mediante un recurso real llamado “cama de justicia”.

Finanzas del Estado

La intención de lograr una recaudación eficiente fue una de las mayores contribuciones a la centralización administrativa de todo el periodo. Clero y nobleza, funcionarios de la corona, personal militar, magistrados, estudiantes y profesores universitarios, estaban exentos
Las provincias estaban divididas en tres categorías: País elección, país estado y país impuestos.

• País elección: Provincias en que la imposición y recaudación se confiaba a funcionarios elegidos, pues más tarde estos cargos se convirtieron en, comprados. En ellas los impuestos eran generalmente personales, lo que quería decir que se imponían sobre plebeyos.
• País estado: Provincias con estados provinciales. Estas provincias habían, logrado mantener cierta autonomía local en cuestiones fiscales. Allí los impuestos se establecía por consejos locales, y el tributo era generalmente de naturaleza “real”, lo que significaba que no era personal, sino que se imponía sobre las tierras calificadas como “no nobles”. Si un noble llegaba a poseer tales tierras quedaba sujeto al impuesto.
• País impuestos: Zonas recientemente conquistadas que mantenían sus instituciones históricas, se asemejaban en derechos a los países de estado. Se diferenciaban en que la imposición era supervisada por el intendente real.

Los distritos fiscales habían sufrido grandes variaciones desde el siglo XIV. Las reformas de los siglos XIV y XV instituyeron dos cargos: los cuatro generales de finanzas, también llamados consejero general o recaudador general, supervisaban la recolección de impuestos a través de agentes recaudadores; y los cuatro Tesoreros de Francia que supervisaban las rentas de las tierras reales (dominio). Recibían conjuntamente la denominación de señores de las finanzas y se dividían por circunscripciones geográficas.

En 1695, Luis XIV creó varios impuestos adicionales, que afectaba a toda persona, con inclusión de nobles y clérigos (aunque podía comprarse el privilegio con el pago de una considerable cantidad por una sola vez) que podían contribuir a los gastos militares.
Otro recurso clave para las finanzas públicas eran los impuestos elevados sobre los cargos públicos (parlamento, magistrados, y funcionarios de hacienda), pero algunos de estos cargos, al conferir nobleza, podían proporcionar ventajas financieramente superiores. Los cargos, una vez comprados, tendieron a hacerse hereditarios en la misma familia (mediante el pago de una tasa por transferencia de título). En un esfuerzo para incrementar sus ingresos, el estado solía crear nuevos cargos. Otra táctica disponible para la corona era la “regla de los 40 días” establecida en la década 1530: si el titular moría dentro de los 40 días de la transferencia del título, el cargo retornaba al estado.
Hasta 1661, la cumbre del sistema hacendístico francés era habitualmente el superintendente de finanzas; con la caída de Fouquet, fue reemplazado por el cargo más modesto de controlador general de finanzas. Las finanzas del estado también incluían un amplio recurso de crédito tanto privado como público. La parte más importante de este crédito se hacía a través del sistema de bonos gubernamentales que ofrecían a los inversores un interés anual. Este sistema comenzó a usarse en 1523 bajo Francisco I.

Justicia

Tribunales inferiores
La justicia en las tierras señoriales (incluyendo las de la Iglesia o de las Ciudades) se ejercía generalmente por el señor o sus funcionarios delegados, la justicia señorial estaba dividida en alta, media y baja, podían aplicar la pena de muerte o la cárcel. Los delitos de deserción, robo y mendicidad caían bajo la supervisión de la persona que gobernaba (mariscal), que ejercía una justicia rápida e imparcial. El preboste era el juez de primera instancia para no privilegiados. En el ejercicio de sus funciones legales, dictaba sentencia por sí mimo, pero había de consultar con ciertos letrados abogados o procuradores elegidos por él mismo (consejo).

Tribunales superiores
Los siguientes eran las cortes soberanas, o cortes superiores, cuyas decisiones solo podían ser revocadas por el rey en su consejo. Los parlamentos eran originalmente de naturaleza únicamente judicial (cortes de apelación para los tribunales civiles y eclesiásticos inferiores), pero comenzaron a asumir funciones legislativas limitadas. El más importante de los parlamentos fue el París, tanto en el área administrativa (cubría la mayor parte de la Francia central y septentrional) como en prestigio, y era el tribunal de primera instancia. La cúspide del sistema judicial era el canciller.

La Iglesia

La monarquía francesa estaba vinculada a la Iglesia Católica. Las altas jerarquías de la Iglesia francesa se cubrían por la vieja nobleza, y muchos de los beneficios se habían convertido en provecho de posesiones hereditarias, además de los feudos que los eclesiásticos poseían la Iglesia como institución también poseía tierras señoriales por derecho propio, que ejercía jurisdicción.

Otros poderes temporales de la iglesia es desempeñar su papel político como primer nivel en los Estados Generales y Provinciales, es decir, las Asambleas provinciales convocados por el rey para debatir asuntos religiosos. La Iglesia también reclamaba la facultad de juzgar ciertos crímenes, especialmente el sacrilegio, aunque las Guerras de Religión la situaron como delito a perseguir por los tribunales reales y parlamentos. Además, clérigos, cardenales y otros obispos eran frecuentemente empleados por los reyes como embajadores, miembros de sus Consejos y en otros cargos administrativos.
La facultad de teología de Paris, mantenía la censura de las publicaciones para garantizar su ortodoxia religiosa. Las Guerras de Religión produjeron que este control pasara a los Parlamentos, y en el siglo XVII a los examinadores reales, aunque la iglesia mantenía un derecho de petición.
La iglesia era la principal proveedora de los colegios (de enseñanza primaria y universitaria) y de los hospitales y la distribuidora de ayuda a los pobres en todo el periodo anterior a la Revolución Francesa.
La Pragmática Sanción de Bourges (1438, suprimida por Luis XI pero repuesta por los Estados Generales de Tours en 1484) confiaba la elección de obispos y sacerdotes al capítulo de los clérigos de cada catedral de Francia, evitando de ese modo el control efectivo del papa sobre la iglesia francesa, y permitiendo el comienzo de una Iglesia galicana (influencia francesa). No obstante, en 1515, Francisco I firmó un nuevo acuerdo con el papa León X, el Concordato de Bolonia, que daba al rey el derecho a nombrar candidatos y al papa el derecho de investidura; este acuerdo disgustó a los galicanos, pero dio al rey el control sobre los cargos eclesiásticos de importancia con los que beneficiar a su conveniencia a las familias nobles.
Aunque la Iglesia estaba exenta de impuesto, era obligada a pagar a la corona un impuesto llamado el regalo gratuito, que reunía de sus beneficiados a razón de una veinteava parte de las rentas del beneficio (o sea, un diezmo cada cinco años). Por su parte, la Iglesia recogía obligatoriamente el diezmo de las rentas (fundamentalmente agrarias) de los fieles.
La Contrarreforma produjo en la iglesia francesa la creación de numerosas órdenes religiosas, como los Jesuitas y un gran impulso a la cualificación de sus curas párrocos; la primeras décadas del siglo XVII se caracterizaron por una masiva publicación de textos devocionales y un aumento del fervor religioso. Aunque el decreto de libertad de culto (Edicto de Nantes 1598 ) firmado por el rey Enrique IV de Francia, permitía la existencia de iglesias protestantes, hasta que finalmente Luis XIV derrotó el edicto de Nantes en 1685, produciendo una emigración masiva de hugonotes (sobrenombre dado por los católicos franceses a los protestantes calvinista de los siglos XVI y XVII) a otros países. Las prácticas religiosas de protestantismo y de ateísmo fueron severamente reprimidas.


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