IMPERIO NAPOLEONICO

11 07 2008

 

El Primer Imperio Francés, conocido como el Imperio Napoleónico, cubre el periodo de la dominación de Francia sobre la Europa Continental, bajo el gobierno de Napoleón Bonaparte I. Oficialmente, el término se refiere al periodo comprendido entre el fin del Consulado hasta la Restauración de la monarquía borbónica (1799-1804), el Imperio (1804-1815), aunque posteriormente vivió un epílogo entre el periodo de los Cien Días (1 de marzo de 1815) y la abdicación final de Napoleón, el 22 de junio de 1815. Evidentemente, se trata de un periodo de la historia de Francia muy marcado por las diferentes guerras (ver: Guerras Napoleónicas)

El Camino al Imperio

El camino que condujo a Napoleón hasta el trono imperial comenzó con el golpe de estado de 18 de Brumario y la nueva Constitución del Año VIII (1799), que convertía a Bonaparte en Primer Cónsul tras su retorno de la campaña de Egipto. Bonaparte acaparó cada vez más poder y ganaba apoyos para su visión sobre la reconstrucción de Francia y sus instituciones. Gradualmente fue diluyendo a la oposición y el entusiasmo revolucionario, usando de forma sistemática el exilio, la dominación burocrática y las vías constitucionales.
Napoleón fue un gobernante autoritario. Su capacidad de trabajo era extraordinaria, y poseía una gran memoria para los detalles y para las decisiones. Era expresivo a las pasiones del pueblo francés: el aborrecimiento a los nobles exiliados, el miedo al Antiguo Régimen, la antipatía por los extranjeros, el odio a Inglaterra, un desmedido apetito por la conquista, enardecida por la propaganda revolucionaria, y finalmente, su ansia personal por la gloria.

CONSULADO (1799-1804)

Una vez que el proceso revolucionario en Francia fue controlado y dirigido por los sectores más moderados de la burguesía, se inició la etapa conocida como el Consulado (1799-1804), cuyo creador sería Napoleón Bonaparte. Durante este periodo se llevó a cabo la reorganización y la restauración interior del país, consolidándose las conquistas burguesas de la Revolución.

Tras el golpe de Estado del 18 Brumario fue transformada la Constitución y se instauró el nuevo régimen del Consulado, cuyo poder supremo estaba en manos de tres cónsules permanentes, de los cuales Napoleón ostentaba el título de primer cónsul.

El Directorio había sido incapaz de lograr la estabilidad. El régimen liberal había fracasado y se presentaba corno el continuador de los excesos revolucionarios. Napoleón Bonaparte, quien volvía a París con triunfos, se presentó como el héroe de la legalidad y de la paz, garantizando los derechos civiles y la prosperidad, instaurando su poder personal con la ayuda de la burguesía y del ejército.

Creó el Banco de Francia para impulsar la industria y el comercio; emitió papel moneda sobre bases firmes, estabilizando la situación monetaria. Restableció el liberalismo económico protegiendo a la iniciativa privada, porque la riqueza económica era la base del poder político. Desarrolló una red de carreteras; se abrieron canales y se construyeron puertos y grandes obras que dieron trabajo a una gran masa obrera desempleada. Hizo a la Iglesia aliada del Estado como fuerza moral y, para apoyarse políticamente, creó una aristocracia e inició campañas militares en Europa. En la política redactó un Código Común, se elaboraron políticas de protección social y se extendió el concepto de la enseñanza pública.
Las reformas introducidas consiguieron dotar a Francia de una sólida organización jurídica, que quedó expresada en el famoso Código de Napoleón. En él se pueden observar la influencia del derecho romano, del derecho tradicional y de muchas de las conquistas jurídicas del periodo de la asamblea constituyente y de la Convención.

En el orden internacional, el Consulado consiguió restablecer la paz entre la Europa monárquica, defensora del Antiguo Régimen, y la Francia revolucionaria, que por entonces ocupaba una posición preponderante en el concierto de las naciones europeas.

El Imperio 1804-1815

Las victorias obtenidas por los ejércitos franceses en las guerras de alianza, y las mejoras introducidas por el Consulado, durante la cual tuvieron lugar en toda Europa las guerras napoleónicas provocadas por el empuje militar y las ansias imperialistas, dotaron a Napoleón de un extraordinario poder, que lo llevaron primero a ser cónsul vitalicio y posteriormente, a emperador de los franceses en 1804.
Durante el periodo imperial sucedieron varios cambios importantes, materializados en el Código Napoleónico (1804), la reforma aduanera y agrícola, y eliminando de la Constitución la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la división de poderes en el estado.
El Imperio Napoleónico fue una dictadura. Se decretó un indulto que permitió la vuelta de exiliados, y se firmó un acuerdo con la Iglesia Católica que comprometía al estado francés a mantener al clero y se restringió la libertad de prensa.
Napoleón organizó la Corte según el modelo de La monarquía borbónica: con un gran lujo y ceremonial. Creó títulos y privilegios y se rodeó de una “nueva nobleza” de burgueses enriquecidos, a quienes concedería, junto a los miembros de su familia, muchos de los territorios conquistados. Anuló la libertad política, la libertad individual y la libertad de expresión. Se limitaron las actividades intelectuales y espirituales. Apoyó su poder en una ideología, por lo que creó la Universidad Imperial, pretendiendo dirigir el desenvolvimiento de las artes, las ciencias y las letras, que debían expresar sus ideas. Utilizó a la Iglesia con la misma finalidad. Inició la era de soldados y decretó nuevos presupuestos
Elaboró sus famosos códigos: de procedimiento civil, de comercio y penal, que dieron a Francia un conjunto homogéneo de leyes, implantadas en otras regiones europeas y que pasaron a América, influyendo en la legislación de las nacientes repúblicas.

El pueblo soportó este régimen mientras estuvo respaldado por las victorias militares, pero cuando percibieron que tales victorias fueron breves, y que pronto se convertirían en derrotas, todos los franceses desearon la caída de Napoleón, cuyas incesantes campañas militares por Europa amenazaban con llevar a Francia a un desastre nacional.

La acción de Napoleón estaba dominada por una ambiciosa política imperialista, que lo llevó a intentar dominar Europa entera, y, sobre todo, a derrotar a Inglaterra, la enemiga tradicional de Francia. Para esto necesitaba grandes ejércitos, por lo que recurrió al sistema de conscripción, al servicio militar y a la incorporación de ejércitos de otras nacionalidades. En 1 806, Napoleón inició la confiscación de bienes y el bloqueo a Inglaterra, cerrando cualquier acceso por tierra tanto de parte de los franceses como de sus aliados, afectando vitalmente la estructura económica y provocando una crisis social.

Las tropas napoleónicas invadieron Portugal, España, Austria y Prusia; el imperio napoleónico alcanzó su culminación en 1810, dominando el centro y el occidente de Europa, y estableció alianza con Rusia, Dinamarca y Suecia. Muchas personas dependían de Napoleón, el poder era mantenido por la fuerza. El bloqueo continental arruinaba tanto a Inglaterra como a Francia y a sus aliados, paralizando el comercio y creando trastornos sociales. Se perdían vidas y dinero por las constantes guerras. La reacción contra esta política imperialista provocó en el propio país y en toda Europa una creciente oposición.

Después de su fracaso durante la campaña de Rusia, los hambrientos ejércitos de Napoleón fueron vencidos por las enormes distancias de las estepas rusas y castigados por un invierno riguroso. París capituló y Napoleón renunció (abril de 1814), retirándose a la isla de Elba. Luis XVIII fue proclamado rey y el ministro Talleyrand inició el tratado de paz, donde Francia se comprometió a devolver los territorios conquistados, entregar material de guerra, y desconocer a Napoleón y a la Revolución.

Napoleón decidió recuperar el poder y regresó a Francia e iniciando un nuevo reinado que se conoce como “Los cien días” (mayo de 1815). Ofreció la paz en Europa, así como el respeto de los derechos y las libertades individuales. Se formó la ultima coalición contra Francia impulsada por Inglaterra, y Napoleón fue derrotado en Waterloo.

La Economía del Imperio Francés

En el ámbito económico, Francia se enfrentaba a una sangría humana considerable, y a una perdida económica por las continuas campañas de expansión. La producción del Imperio se centraba en gran parte en el esfuerzo de la producción armamentística. Por otro lado, el Bloqueo Continental impuesto por Napoleón al comercio con los ingleses resultó más grave para Francia que para Inglaterra, y disparó el contrabando, que escapaba del control de la hacienda pública, y que provocaba introduciendo los productos británicos en el continente a través de terceros países.

El Bloqueo Continental

El Bloqueo Continental fue uno de los vértices en la política exterior de Napoleón en su intento de oprimir a la economía británica, probablemente hubiera derrotado a los ingleses si hubiera conseguido desembarcar sus tropas en las Islas. Sin embargo, le fallaron los recursos necesarios y sus planes para ello se frustraron, Napoleón es derrotado por Gran Bretaña en la batalla de Trafalgar, en 1805. Napoleón reemplazó este fracaso haciendo la guerra comercial a Gran Bretaña. Como resultado de la Revolución Industrial, Gran Bretaña era una potencia naciente en Europa en fabricación manufacturera, y era por ello débil a un embargo comercial.
El Bloqueo Continental era un embargo. En noviembre de 1806, tras haber conquistado ventajosas alianzas con todas las mayores potencias de la Europa Continental, Napoleón publicó el Decreto de Berlín, prohibiendo a sus aliados y al resto de naciones conquistadas comerciar con el Reino Unido. En 1807, trató de fortalecer este bloqueo en un esfuerzo de destruir el comercio inglés como inicio a una invasión publicando el Decreto de Milán.
El embargo fue un fracaso. La exclusividad napoleónica sobre los puertos no podía detener el contrabando británico, y los mercantes británicos buscaron de forma agresiva otros mercados. Inglaterra, por medio de las “Órdenes en Consejo” de 1807, prohibieron a sus socios comerciales el comercio con Francia.
Portugal fue el único país europeo que rehusó abiertamente unirse al Bloqueo Continental. La población portuguesa se inquietaba contra los invasores franceses, y el ejército británico intervino, dando inicio a la Guerra Peninsular en 1808.
De hecho, el Bloqueo Continental causó más daños adyacentes a las naciones del Gran Imperio de lo que hizo en Gran Bretaña. Rusia, en particular, no podía soportar más el embargo, y en 1812 reabrió el comercio con Inglaterra. Napoleón entonces preparó la Gran Armada, una fuerza de más de medio millón de hombres de todas partes de Europa, e invadió Rusia.
El Imperio de las Armas
En general, el Primer Imperio Francés fue un gobierno mantenido por la fuerza de las armas en contra del resto de las potencias europeas que lo amenazaban. Esencialmente, fue esta exagerada expansión al introducirse en Rusia la que finalmente le cobró a Napoleón el precio de perder su Imperio. La larga y sangrienta retirada de miles de kilómetros, perseguido por los ejércitos rusos, el duro invierno ruso, lo hacía al elevado costo de perder paulatinamente a su ejército, precipitó la caída del imperio.
Los aliados, finalmente, entraron en París y mediante el Tratado de Fontainebleau, terminaron con el dominio napoleónico sobre Europa, exiliando al Emperador en la Isla de Elba.
El llamado Imperio de los Cien Días, no puede ser considerado en modo alguno como la reinstauración imperial en Francia, ya que fue rápidamente neutralizado por todas las potencias aliadas en un periodo de tiempo relativamente corto, decididas estas a no tener que enfrentarse nunca más con el imperialismo francés. Más bien se tiende a considerar como una crisis provocada por el carisma de Napoleón y su capacidad de arrastrar consigo a su pueblo, que no simpatizaba en absoluto con la imposición de la restauración monárquica de los Borbones.


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